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Éstas son mis joyas ... hasta que dejen de serlo
En la antigüedad romana se impuso el poder del pater familias, amo y señor de los hijos, mientras la mujer, postergada legalmente, tuvo que encarnar el papel de madre y esposa virtuosa. Un sistema de valores convertido en secular, pero que en nuestro tiempo se ha ido desmoronando a trompicones y la situación de la mujer y su relación con el espacio privado y público ha mejorado sustancialmente. Aunque ahora también se enfrenta a una candente tesitura que le obliga a adoptar otros disfraces. Y en el tema se adentra la galería Mito con esta singular exposición, cuyo irónico título toma de una célebre frase que Cornelia, perfecta imagen de la matrona romana, pronunció en una reunión en la que todas las damas presumían de sus alhajas. Cuando se le solicitó a ella que mostrara las suyas, presentó a sus hijos y dijo satisfecha: “¡Éstas son mis joyas!” Frase que Mito nos relanza para instarnos a reflexionar sobre los roles que se elaboran hoy día y los conflictos e interrogantes que se plantean al abandonar las estructuras tradicionales y abrirse a nuevas realidades. Michael Onona y Sacris, sus obras, nos hablan con agudeza sobre estos aspectos, habitualmente más analizados por mujeres. Se trata de artistas que desde su infancia sienten una inclinación por la pintura, pero que curiosamente ambos se alejaron de ella durante un tiempo desencantados con el mundo artístico, para retomarla después con fuerza. Su trabajo, entonces, se personaliza en los individuos y se enmarca en un incisivo lenguaje de denúncia de la sociedad de consumo, en concreto los mensajes subliminales que nos inculcan los mass media. Michael Onona (Casablanca, 1967), educado y residente en Londres, juega con la agresividad del vocabulario publicitario para subvertirlo. Así, a la imagen dulce y tierna de un recién nacido, le añade un revólver o unos guantes de boxeo, componiendo una estampa en apariencia blanda y sensible pero que al fin provoca turbación. Todo ello acompañado con frases de canciones, esloganes o títulos de filmes con los que se nos bombardea y que forman parte de la imaginería popular actual. Y es que frente a una fingida y apacible normalidad, alimentamos unos papeles repetitivos y fomentamos la violencia. El ser femenino que el artista presenta ya no se siente cómodo pese a las dificultads vencidas, le surgen contradicciones sobre su nuevo estado. La pincelada de Onona es minuciosa, nítida, próxima al estilo de los maestros antiguos. Él mismo se declara admirador de Caravaggio y aunque su realismo punzante y teatral es, sin duda, heredero del barroco, su creación en este caso deja de lado el efectismo del claroscuro para elaborar una luz diáfana, cercana a la renacentista. Por otro lado, Sacris (Barcelona, 1969, donde vive), lleva a cabo una figuración más expresionista, con un trazo más libre y espontáneo, abordando la tabla directamente con el pincel. Ha investigado sobre el impulso que mueve a la sociedad y, después de analizar los anuncios que nos rodean, concluye que la comodidad y el sexo son los motores de la humanidad. Además, en sus obras incluye personajes a los que elimina la mirada casi de un brochazo. Al velarles los ojos, los convierte en arquetipos y refuerza la idea de uniformidad y ceguera en la que estamos sumidos. Sociedad es un cuadro que define con exactiud su reflexión: una pareja tendida sobre una cama -se trata de un autorretrato con su mujer pues, según dice, el mejor modelo es uno mismo-, cuyos cuerpos semejan dos pedazos de carne totalmente desprovistos de sensualidad, mientras debajo del lecho hay una nevera. Una vez cubierta la necesidad sexual, pues, vamos en busca del confort. En otros trabajos expresa como la figura femenina aparece constantemente en los medios como un objeto consumista, y en otros como nos inducen a funcionar como sistemas cerrados y a obstruir a nuestro hijos con ideas preestablecidas. Las nuevas mujeres de estos dos pintores desarticulan a la antigua Cornelia. Michael Onona en These are the words I cannot speak representa a una embarazada que lleva impreso en el vientre “Help me”, Sacris en Educación religiosa nos muestra una novia que se levanta el vestido y se ofrece carnalmente. La boda, la procreación, ideales a los que tenía que aspirar toda fémina, ya no son invariables ni son para todas. La figura estática de Cornelia se hunde. Pero, ¿quién ocupará su lugar? Quizá ya no hace falta que nadie lo haga.
Violant Porcel
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